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lunes, 16 de abril de 2018

Emociones



Como veis logré saltar al 94 sin pasar por el 95. Estoy contenta y trataré de recordar este sentimiento de satisfacción cuando las cosas no vayan tan bien y piense en tirar la toalla. Se puede, claro que se puede.

Dicho esto hoy quiero contar un poco como justifico yo desde mi propia experiencia que alimentación y emociones están íntimamente relacionadas.

La verdad es que yo soy golosa desde mucho antes de saber, siquiera, lo que es una emoción. Cuando todavía necesitaba una silla para llegar a la estantería donde mi madre ponía el azúcar yo ya buscaba el bote y lo comía a cucharadas. A los 12 años entré en un internado, no fue un castigo, sino un consenso del cual no guardo un mal recuerdo pero la realidad es que allí, más libre, empecé a comprar y comer golosinas libremente cada tarde en la merienda. Diez años después era una joven con sobrepeso que ya no sólo comía por placer sino que comía con ansiedad, unas veces a modo de recompensa, otros de forma compulsiva, con sentimientos de culpabilidad y uso de laxantes. Esa relación viciada y viciosa con la comida se prologaría todavía otros diez años hasta que un endocrino me derivó a psiquiatría. El diagnóstico no fue grave pero constaté que mi relación con la comida no tenía sólo que ver con los malos hábitos.

Me pasé la década de los 20 esperando enamorarme o que ocurriera algo de eso que todo el mundo decía que le hacía perder el apetito. Y me enamoré, o eso creo, pero no perdí el apetito.

Los 30 han sido una década convulsa para mi. Creo que he pasado los últimos diez años añorando mirarme un día al espejo y que me guste lo que veo. Pero sin estabilidad emocional parecía imposible de conseguir. A veces yo misma dudaba y pensaba que lo único que ocurría es que yo era una glotona y punto. Hasta que tuve una experiencia que lo cambió todo.

Yo vivía en Reino Unido y se dieron una serie de circunstancias personales difíciles que culminaron en el mes de marzo con un desengaño personal importante. Experimenté algo que no me había ocurrido nunca antes: dejé de comer, no era capaz de terminarme ni un té en el desayuno... nada. Ni comía, ni dormía, ni paraba... tenía un trabajo agotador limpiando en un hotel y cuando terminaba me iba a andar, hasta ni jefa notó que me pasaba algo porque mi rendimiento se había disparado al mismo tiempo que mi mal humor.

Entonces leí mucho sobre el dolor y cómo afecta a nuestro apetito según la zona del cerebro en el que se instale esa emoción. Me impresionó porque era algo que nunca había sentido. Volví en junio a casa con 10 kilos menos. De 97 a 87 en 4 meses. De vuelta en España y con un proyecto más estable de vida recuperé 13 kilos en un año. En julio del año pasado pesaba 100 kilos y en septiembre empecé el proceso que aparece reflejado en este blog.

Hoy, y desde hace mucho tiempo ya, puedo decir que he recuperado la tranquilidad. Creo que yo seré una de esas mujeres que dicen que los 40 son la mejor etapa de su vida. Ahora mismo tengo 39 y estoy tranquila- feliz es una palabra muy ambiciosa que reservo para algunos instantes-. Sólo tengo esta espinita clavada: mirarme un día al espejo y que me guste lo que veo y creo, necesito creer, que ese día está cada vez más cerca y no porque esta semana haya perdido un kilo, no, sino porque mi autoestima y me seguridad están creciendo. Y eso provocará que yo me cuide y al cuidarme mi cuerpo estará mejor y eso volverá a beneficiar a mi autoestima...

Perdonad que me haya extendido, pero no he sabido resumirlo más. Quizá a alguien le ayude. por eso lo he compartido.

2 comentarios:

  1. Chica, uff, creo que esta pedazo de entrada se merece que esté más despierta para comentarla.
    Me alegro mucho de que hayas cambiado la forma de pensar y de que estés en este proceso de superación y de sanación, si me lo permites.
    Un abrazo muy grande.

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    1. La verdad es que puedo hablar de esto en pasado pero sí que quería contar desde mi propia experiencia que creo que el sobre peso, cuando no son 3 kilos ni siquiera 10 kilos, es un problema más complejo que hay que atajar desde muchos puntos de vista. Por eso suscribo cuando habláis de meditación, de autoestima, de ir a la peluquería, de sentirse guapa... suscribo todos esos puntos de apoyo que no son comida pero que desde mi punto de vista son igual de importantes que la comida a la hora de afrontar el problema.
      Tampoco puedo decir que todas las personas que tienen sobrepeso tengan entre sus causas un componente emocional pero para las que piensen que sí es su caso va mi testimonio.
      Gracias Pili.
      Un abrazo.

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