sábado, 1 de abril de 2017

Gimnasio

¡Hola! El primer mes no ha servido de nada. Kilo arriba, kilo abajo, estoy otra vez en el punto de partida. Bueno no, en el punto de partida no. Un mes después no he tirado la toalla, y eso no es estar en el punto de partida. He leído varias veces que el día que un fumador se plantea que quiere dejarlo empieza el camino para dejar de serlo, no importa el tiempo que pase hasta que logra su objetivo, pero que si ese deseo se mantiene, antes o después, lo logrará.

Yo no soy un ejemplo de nada, soy anárquica e impulsiva. Todo lo contrario de lo que se necesita para adelgazar, que es disciplina y constancia. Pero lo conseguiré a pesar de mi. Ahora os voy a contar como está siendo mi relación con el gimnasio. Creo que puede ser útil:

Me he apuntado al gimnasio muchas veces en mi vida, siempre lo he dejado porque hacer abdominales me provoca pesadillas. Todos son buenas razones... no tengo tiempo, por no cargar con la mochila... No son razones, son excusas. El problema es que para mi el gimnasio es un trabajo y no un placer, no un lugar en el que canalizar el estrés, la rabia, la pena, y llenarme de energía. Si lo percibiera así otro gallo cantaría.

En octubre me apunté. No dejé que me afectaran las chicas embutidas en mallas apretadas de colores. Ni los chicos cachas haciendo comentarios estúpidos. Ni siquiera la indiferencia con la que me trataba el monitor porque supongo que cuando me vio, con mi cuerpo y mi ropa poco sofisticada, pensó que yo pagaría el mes pero no iría ni  dos semanas. Nada me disuadió. Seguí, seguí a pesar de que mi peso seguía aumentando porque comía mal. Seguí a pesar de la navidad. Seguí a pesar de que muchas semanas sólo iba un día y pagaba para ir toda la semana. Seguí siempre. Y un día le dije al entrenador: "no voy a abandonar, si no vengo dos días vendré uno, pero vendré, porque si dejo de venir me arrepentiré" Creo que desde ese día me mira con otros ojos.

Y no he abandonado. Empecé a pagar por ir dos días y más o menos lo estoy cumpliendo. Y cuando voy procuro estar más de una hora. Y ayer una de esas chicas enfundadas en mallas de colores fluorescentes se dirigió a mi y me trató como a una más. Y me sentí bien. Por primera vez no pensé que quizá los michelines que se aprecian por debajo de mi camiseta blanca de algodón no provocan el desprecio que yo imagino. Y pensé también que si tiene mérito estar allí cuando estás en tu peso ideal tiene mucho más mérito estar allí poniendo en movimiento un cuerpo con treinta kilos de más.

El ejercicio será nuestro amigo tanto o más que la dieta. Nuestro cuerpo no está programado para comer siempre que abrimos la nevera. Nuestro cuerpo estaba preparado para la caza y las comidas esporádicas.

Gracias por leer.

1 comentario:

  1. Hola Rocio.
    Haces bien con no dejar el gimnasio. Ir un día siempre es mejor que ninguno. Cuando veas que vas reduciendo figura y peso te animaras más.
    Te escribo correo y te explico la semana.
    Besitos

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