sábado, 21 de abril de 2018

Herramientas que nos pueden ayudar





Estoy en racha, había perdido otro kilo. Creo que tiene que ver con que he renunciado al azúcar en las infusiones y que he dejado de comer pan con aceite en el desayuno. Todo resta.
Como la entrada anterior es eterna hoy voy a ser breve. Como sabéis yo estoy yendo al dietista y de momento esa es la única herramienta que estoy utilizando: la presión de saber que me tengo que pesar semana tras semana. Pero conozco otros recursos que me gustan:

La app de FatSecret

También quería recomendar el libro Mujeres que corren de Cristina Mitri, yo lo compré en versión electrónica y me encantó y creo que lo volveré a leer porque da pautas muy útiles para empezar a correr que es algo que tengo en mente

Por último la página de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad. Yo normalmente calculo aquí el IMC pero más recursos e información que nos pueden ser útiles.


¡Hasta la semana que viene!

lunes, 16 de abril de 2018

Emociones



Como veis logré saltar al 94 sin pasar por el 95. Estoy contenta y trataré de recordar este sentimiento de satisfacción cuando las cosas no vayan tan bien y piense en tirar la toalla. Se puede, claro que se puede.

Dicho esto hoy quiero contar un poco como justifico yo desde mi propia experiencia que alimentación y emociones están íntimamente relacionadas.

La verdad es que yo soy golosa desde mucho antes de saber, siquiera, lo que es una emoción. Cuando todavía necesitaba una silla para llegar a la estantería donde mi madre ponía el azúcar yo ya buscaba el bote y lo comía a cucharadas. A los 12 años entré en un internado, no fue un castigo, sino un consenso del cual no guardo un mal recuerdo pero la realidad es que allí, más libre, empecé a comprar y comer golosinas libremente cada tarde en la merienda. Diez años después era una joven con sobre peso que ya no sólo comía por placer sino que comía con ansiedad, unas veces a modo de recompensa, otros de forma compulsiva, con sentimientos de culpabilidad y uso de laxantes. Esa relación viciada y viciosa con la comida se prologaría todavía otros diez años hasta que un endocrino me derivó a psiquiatría. El diagnóstico no fue grave pero constaté que mi relación con la comida no tenía sólo que ver con los malos hábitos.

Me pasé la década de los 20 esperando enamorarme o que ocurriera algo de eso que todo el mundo decía que le hacía perder el apetito. Y me enamoré, o eso creo, pero no perdí el apetito.

Los 30 han sido una década convulsa para mi. Creo que he pasado los últimos diez años añorando mirarme un día al espejo y que me guste lo que veo. Pero sin estabilidad emocional parecía imposible de conseguir. A veces yo misma dudaba y pensaba que lo único que ocurría es que yo era una glotona y punto. Hasta que tuve una experiencia que lo cambió todo.

Yo vivía en Reino Unido y se dieron una serie de circunstancias personales difíciles que culminaron en el mes de marzo con un desengaño personal importante. Experimenté algo que no me había ocurrido nunca antes: dejé de comer, no era capaz de terminarme ni un té en el desayuno... nada. Ni comía, ni dormía, ni paraba... tenía un trabajo agotador limpiando en un hotel y cuando terminaba me iba a andar, hasta ni jefa notó que me pasaba algo porque mi rendimiento se había disparado al mismo tiempo que mi mal humor.

Entonces leí mucho sobre el dolor y cómo afecta a nuestro apetito según la zona del cerebro en el que se instale esa emoción. Me impresionó porque era algo que nunca había sentido. Volví en junio a casa con 10 kilos menos. De 97 a 87 en 4 meses. De vuelta en España y con un proyecto más estable de vida recuperé 13 kilos en un año. En julio del año pasado pesaba 100 kilos y en septiembre empecé el proceso que aparece reflejado en este blog.

Hoy, y desde hace mucho tiempo ya, puedo decir que he recuperado la tranquilidad. Creo que yo seré una de esas mujeres que dicen que los 40 son la mejor etapa de su vida. Ahora mismo tengo 39 y estoy tranquila- feliz es una palabra muy ambiciosa que reservo para algunos instantes-. Sólo tengo esta espinita clavada: mirarme un día al espejo y que me guste lo que veo y creo, necesito creer, que ese día está cada vez más cerca y no porque esta semana haya perdido un kilo, no, sino porque mi autoestima y me seguridad están creciendo. Y eso provocará que yo me cuide y al cuidarme mi cuerpo estará mejor y eso volverá a beneficiar a mi autoestima...

Perdonad que me haya extendido, pero no he sabido resumirlo más. Quizá a alguien le ayude. por eso lo he compartido.

jueves, 12 de abril de 2018

Receta: macarrones con piña

Lo prometido es deuda. He hecho esta receta varias veces y me parece ligera y rica, de verdad. Normalmente la hago con piña de lata, un par de rodajas. En  esta ocasión la hice con piña natural y eché mucha y no me quedaron tan buenos, la verdad. Pero ya sabéis que la cocina es probar y probar hasta encontrar en punto. Es fácil:
Cuezo un puñado de macarrones en agua con sal y una hoja de laurel.
Pico un poco de cebolla y piña.
En una sartén echo a rehogar primero la cebolla y después la piña y los macarrones. Le echo una pizca más de sal le doy dos vueltas y listo.
Tiene un sabor suave, se cocina rápido y es muy ligero.
Espero que os guste.


sábado, 7 de abril de 2018

96,1 pero animada



Perder 1,9 la semana antes de vacaciones me ha dado oxigeno para afrontar la Semana Santa que yo sabía que se presentaba difícil porque iba a salir mucho y yo no soy de las que cierra el pico en las reuniones de amigos.

He cogido 1,5 y según los cálculos de la báscula de mi dietista casi todo grasa pero no me he desanimado, al contrario, he dicho: "Rocío, tienes que volver a saltar al 94 sin pasar por el 95" y en eso estoy. 

Esta semana voy a evitar algunas concesiones que me hago como tomar las infusiones con azúcar. He descubierto el té con vainilla y caramelo, lo compré en el DIA de su marca blanca, una delicia para golosos que se puede tomar sin dulce -aunque yo le hecho unas gotas de edulcorante porque soy lo más goloso que pisa la Tierra-.

Tengo intención de colgar esta semana una receta de macarrones y piña. Así que nos vemos pronto. 

Por cierto, la foto que he escogido no es casual. Creo que hay que reivindicar la sensualidad como una actitud y que la aspiración de toda mujer o de todo hombre debe ser primero estar sano y segundo gustarse a sí mismo. Por eso siempre digo que aunque me sobran 25 kilos si cuando haya perdido 15 estoy en un peso saludable y me gusto en el espejo ¡objetivo conseguido! Hasta que ese día llegue seguiré al pié del cañón, con vuestra ayuda muchas veces. Gracias por leer. 


domingo, 25 de marzo de 2018

Necesitaba un empujón para seguir... y llegó.



Se alinearon los astros. Concreto: me bajó la regla y seguramente dejé de retener líquido; mis actos sociales se redujeron a un tapeo el sábado por la noche; y el jueves me dió un vértigo y estuve dos días comiendo poca cantidad y, lo más importante, nada entre horas. Resultado, el sábado había bajado casi dos kilos, nunca antes, ni la primera semana de dieta, había bajado tanto. Se, porque será lo normal, que voy a recuperar parte de ese peso pero a corto plazo me dio el empujón que necesitaba después de la que, sin lugar a dudas, fue la peor semana y la que más cerca he estado de tirar la toalla.

Esta semana no iré a pesarme. Sé que no voy a hacer dieta porque voy a salir de vinos, voy a tomar tapas y voy a comer postres. Intentaré comer con moderación y en un par de semanas volveré al redil. No soy ambiciosa, nada, pero como me habéis recomendado en vuestros comentarios confío en que poco a poco me vaya aproximando a un peso más saludable y que a mi me haga sentir mejor cuando me pongo frente al espejo.

Hasta pronto.

sábado, 17 de marzo de 2018

En tierra de nadie

La verdad es que no estoy haciendo dieta aunque sigo yendo a pesarme. He sucumbido a mi apetencia de azúcar y aunque en las comidas principales respeto las recetas que me da la dietista no puedo decir que esté controlando lo que como. Los resultados no se han hecho esperar, la semana pasada apenas había bajado 200 gramos a pesar de que había aumentado mi actividad física considerablemente y esta semana he subido 700 gr.

Mi primera reacción fue decir que lo dejaba. Estoy en el punto que estaba en noviembre con a diferencia de que cuatro meses de dietista me han costado 160 euros que en mi presupuesto es mucho.

Pero tengo miedo a que si lo dejo sea aún peor. Ahora la obligación de irme a pesar una vez a la semana me sujeta un poco pero es posible que sin ese control, ese miedo a la vergüenza que me provoca ir y no haber cumplido un objetivo mínimo, recupere todo lo que he perdido.

La dietista me dijo que esta semana hiciera dieta un poco por mi cuenta pero que, sobre todo, apuntara todo lo que como. Su discurso me tocó un poco: "No creo que estos cuatro meses que has estado subiendo y bajando te hayas sentido mejor. Pero sí creo que si te pones ahora en serio y dentro de cuatro meses pesas diez kilos menos, que es una meta realista, te vas a sentir mucho mejor".

Con esta reflexión he vuelto a casa. No sé que voy a hacer. De momento, hoy no es un buen día.